
Universitario superó a su clásico rival, Alianza Lima, en una definición por el título nacional. Sepa por qué el equipo de Juan Reynoso se proclamó campeón y el de Gustavo Costas no.
Primero, habría que decir que el equipo más regular del campeonato global, en sus tres fases: Dos ruedas, liguillas y ‘Play Off’, fue Universitario. Líder del acumulado y líder en su liguilla.
Sin embargo, esas cifras no son tomadas en cuenta para una final por el título, pues al mejor del año se le vería en el campo, demostrando el por qué lideró su grupo y por qué mereció estar en esa privilegiada situación.
Pero es importante partir desde las liguillas e incluso desde el torneo regular, pues el comando técnico crema fue más inteligente y hasta gozó de un poco de fortuna. “Suerte de campeón” que le dicen.
Inteligente Reynoso porque demostró al final de temporada la intención de su tan criticada “rotación de jugadores”. El utilizar a tantos jugadores, permitió que tenga un amplio plantel con continuidad en el juego y ante la probable lesión de alguno, el que lo sustituya no sienta estar falto de fútbol.
Suerte, porque, valgan verdades, Universitario cayó en una liguilla relativamente más accesible que el de Alianza. El enfrentar y tener como principales adversarios de su grupo a un Sport Huancayo, sorpresa de campeonato, pero con un plantel corto, y a un San Martín de capa caída, sin contar con la amplia ventaja con la que llegó, sólo hizo que Reynoso utilice esta fase como experimento para su ya anticipada participación en la final.
Gustavo Costas hizo lo clásico: tener un equipo base y darle la continuidad a lo largo del año. Algo que jugó en contra de Alianza, es la notoria dependencia del juego de Johnnier Montaño.
Además, su grupo en la liguilla fue más complicado y quizá por ello también Costas nunca utilizar a un equipo alterno en esa fase. Enfrentar a Juan Aurich, a Sporting Cristal, a Inti Gas, a César Vallejo y Sport Áncash a leguas se notó más difícil, por lo que luchaban y por las condiciones de juego (clima, altura y cancha).
Claro, se podría afirmar que Alianza, al haber tenido una mayor exigencia futbolística, llegaba mejor aclimatado a un partido de la trascendencia de una final, pero lo cierto es que el equipo íntimo padeció de golpe lesiones claves en su equipo: Claudio Velásquez, que venía en buena racha, Juan Jayo, capitán y presencia clara, George Forsyth, el arquero de todo el campeonato y Aldo Corzo, salida y entrega en la zaga.
Universitario, por su criticada “rotación”, no tuvo el mismo problema de lesionados. Pero lo más importante, es que Universitario respetó una idea de juego, los jugadores se mostraron siempre solidarios en la marca y nunca dependieron del talento de un jugador, sino de diez y de un casi infranqueable arquero.
En conclusión, Universitario es justo campeón, por la gran campaña de todo el año, por demostrarlo en las finales, por manejarse con mayor inteligencia y por la suerte de campeón que ya explicamos.
Primero, habría que decir que el equipo más regular del campeonato global, en sus tres fases: Dos ruedas, liguillas y ‘Play Off’, fue Universitario. Líder del acumulado y líder en su liguilla.
Sin embargo, esas cifras no son tomadas en cuenta para una final por el título, pues al mejor del año se le vería en el campo, demostrando el por qué lideró su grupo y por qué mereció estar en esa privilegiada situación.
Pero es importante partir desde las liguillas e incluso desde el torneo regular, pues el comando técnico crema fue más inteligente y hasta gozó de un poco de fortuna. “Suerte de campeón” que le dicen.
Inteligente Reynoso porque demostró al final de temporada la intención de su tan criticada “rotación de jugadores”. El utilizar a tantos jugadores, permitió que tenga un amplio plantel con continuidad en el juego y ante la probable lesión de alguno, el que lo sustituya no sienta estar falto de fútbol.
Suerte, porque, valgan verdades, Universitario cayó en una liguilla relativamente más accesible que el de Alianza. El enfrentar y tener como principales adversarios de su grupo a un Sport Huancayo, sorpresa de campeonato, pero con un plantel corto, y a un San Martín de capa caída, sin contar con la amplia ventaja con la que llegó, sólo hizo que Reynoso utilice esta fase como experimento para su ya anticipada participación en la final.
Gustavo Costas hizo lo clásico: tener un equipo base y darle la continuidad a lo largo del año. Algo que jugó en contra de Alianza, es la notoria dependencia del juego de Johnnier Montaño.
Además, su grupo en la liguilla fue más complicado y quizá por ello también Costas nunca utilizar a un equipo alterno en esa fase. Enfrentar a Juan Aurich, a Sporting Cristal, a Inti Gas, a César Vallejo y Sport Áncash a leguas se notó más difícil, por lo que luchaban y por las condiciones de juego (clima, altura y cancha).
Claro, se podría afirmar que Alianza, al haber tenido una mayor exigencia futbolística, llegaba mejor aclimatado a un partido de la trascendencia de una final, pero lo cierto es que el equipo íntimo padeció de golpe lesiones claves en su equipo: Claudio Velásquez, que venía en buena racha, Juan Jayo, capitán y presencia clara, George Forsyth, el arquero de todo el campeonato y Aldo Corzo, salida y entrega en la zaga.
Universitario, por su criticada “rotación”, no tuvo el mismo problema de lesionados. Pero lo más importante, es que Universitario respetó una idea de juego, los jugadores se mostraron siempre solidarios en la marca y nunca dependieron del talento de un jugador, sino de diez y de un casi infranqueable arquero.
En conclusión, Universitario es justo campeón, por la gran campaña de todo el año, por demostrarlo en las finales, por manejarse con mayor inteligencia y por la suerte de campeón que ya explicamos.
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