
Mannucci volvió a ceder terreno en el Mansiche: esta vez igualó 1-1 ante un San José que planteó el compromiso de manera inteligente y que se llevó un importantísimo resultado para el duelo de revancha. Todo se definirá el próximo fin de semana en el Mariscal Cáceres de Tumbes. Las celebraciones por el aniversario carlista, tal parece, se dilataron y, esta vez, se trasladaron hasta el recinto trujillano, donde aproximadamente 15 mil espectadores abarrotaron las dos tribunas que fueron habilitadas para este compromiso.Los sectores populares, que en principio no fueron admitidos, se reabrieron y, de a pocos, fue permitiendo el ingreso de la concurrencia cuando el partido ya se encontraba en marcha.
Sorprendió a todos los presentes la actitud con que San José encaró los primeros instantes del compromiso. Tomó posesión de las acciones y no permitió que los carlistas recuperen el esférico con facilidad. Así, apenas a los 3’, se generó la primera situación de riesgo, que desembocó en la sorpresiva ventaja del conjunto tumbesino: Ariel Peña envió un centro por el sector izquierdo con dirección a Miguel Ángel Otero, quien gracias a la desatención entre los defensores José Algarate y Luis Noriega, conectó un potente cabezazo que dejó sin reacción al portero Isaac Cuya.
A diferencia de sus anteriores presentaciones, esta vez Roberto Arrelucea optó por utilizar una primera línea de tres defensores, con Noriega como líbero y Algarate junto a Alvarado como stoppers. Además, envió a Ramos como carrilero por derecha e hizo alinear desde el vamos a Beltrán, por el extremo opuesto. Con ello, utilizó a Pósito como enganche, mientras Llave y Ángelo Mannucci se encargaron de pilotear el ataque. En síntesis, un planteamiento netamente ofensivo, pero sólo en teoría. San José, por el contrario, se presentó con una alineación conservadora, y gracias a la buena labor de recuperación de Peña y Barrero, los embates locales fueron bien absorbidos.
Con el 0-1, los carlistas insinuaron con mayor persistencia en territorio contrario, aprovechando que los jugadores visitantes empezaban a retroceder sus líneas. Sobre los 29’, llegó el premio para los dirigidos por Arrelucea: Paico se instaló en el área y, con mucha categoría, pivoteó el balón con el pie para Ángelo Mannucci, quien la empalmó en primera y sorprendió al meta Quevedo: su remate fue inatajable. El 1-1, de acuerdo al trámite de las acciones, era absolutamente justo.
El dominio local fue descendiendo conforme se extinguía la fracción inicial. Así, para la complementaria, Jorge Machuca ordenó el ingreso de Luis Plaza para, de alguna manera, recuperar peso en el medio sector. Con la presencia del ‘10’, San José se reacomodó y apeló al juego conservador: estaba haciendo su negocio. Igual, a los 57’, estuvo a punto de concretar la segunda conquista, pero el cabezazo de Barreto (otra vez superando a Algarate y Alvarado) se estrelló en el travesaño.
Las replicas carlistas, a diferencia de los naranjas, fueron constantes, pero Pósito, Llave y Mannucci se encargaron de consagrar al defensor Roberto Huertas y regalarle una buena cantidad de postales al portero Quevedo por sus continuas atajadas. Lo propio ocurrió con Víctor Pacheco, quien ingreso en los últimos minutos y, acaso, tuvo la opción más clara de todo el partido: un pelotazo que arribó al área sanjosefina le calzó perfecto, pero su remate de cabeza se estrelló en el parante cuando el pórtico se encontraba desguarnecido. Tras el pitazo final de Freddy Arellanos, la celebración se instaló en un sector del Mansiche (con oración de por medio). San José retornará a casa con la miel en los labios y el próximo fin de semana, en el Mariscal Cáceres de Tumbes, intentará dar una sorpresa mayor.
Sorprendió a todos los presentes la actitud con que San José encaró los primeros instantes del compromiso. Tomó posesión de las acciones y no permitió que los carlistas recuperen el esférico con facilidad. Así, apenas a los 3’, se generó la primera situación de riesgo, que desembocó en la sorpresiva ventaja del conjunto tumbesino: Ariel Peña envió un centro por el sector izquierdo con dirección a Miguel Ángel Otero, quien gracias a la desatención entre los defensores José Algarate y Luis Noriega, conectó un potente cabezazo que dejó sin reacción al portero Isaac Cuya.
A diferencia de sus anteriores presentaciones, esta vez Roberto Arrelucea optó por utilizar una primera línea de tres defensores, con Noriega como líbero y Algarate junto a Alvarado como stoppers. Además, envió a Ramos como carrilero por derecha e hizo alinear desde el vamos a Beltrán, por el extremo opuesto. Con ello, utilizó a Pósito como enganche, mientras Llave y Ángelo Mannucci se encargaron de pilotear el ataque. En síntesis, un planteamiento netamente ofensivo, pero sólo en teoría. San José, por el contrario, se presentó con una alineación conservadora, y gracias a la buena labor de recuperación de Peña y Barrero, los embates locales fueron bien absorbidos.
Con el 0-1, los carlistas insinuaron con mayor persistencia en territorio contrario, aprovechando que los jugadores visitantes empezaban a retroceder sus líneas. Sobre los 29’, llegó el premio para los dirigidos por Arrelucea: Paico se instaló en el área y, con mucha categoría, pivoteó el balón con el pie para Ángelo Mannucci, quien la empalmó en primera y sorprendió al meta Quevedo: su remate fue inatajable. El 1-1, de acuerdo al trámite de las acciones, era absolutamente justo.
El dominio local fue descendiendo conforme se extinguía la fracción inicial. Así, para la complementaria, Jorge Machuca ordenó el ingreso de Luis Plaza para, de alguna manera, recuperar peso en el medio sector. Con la presencia del ‘10’, San José se reacomodó y apeló al juego conservador: estaba haciendo su negocio. Igual, a los 57’, estuvo a punto de concretar la segunda conquista, pero el cabezazo de Barreto (otra vez superando a Algarate y Alvarado) se estrelló en el travesaño.
Las replicas carlistas, a diferencia de los naranjas, fueron constantes, pero Pósito, Llave y Mannucci se encargaron de consagrar al defensor Roberto Huertas y regalarle una buena cantidad de postales al portero Quevedo por sus continuas atajadas. Lo propio ocurrió con Víctor Pacheco, quien ingreso en los últimos minutos y, acaso, tuvo la opción más clara de todo el partido: un pelotazo que arribó al área sanjosefina le calzó perfecto, pero su remate de cabeza se estrelló en el parante cuando el pórtico se encontraba desguarnecido. Tras el pitazo final de Freddy Arellanos, la celebración se instaló en un sector del Mansiche (con oración de por medio). San José retornará a casa con la miel en los labios y el próximo fin de semana, en el Mariscal Cáceres de Tumbes, intentará dar una sorpresa mayor.
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